viernes, 10 de junio de 2011

Nadie es perfecto. La perfección no existe.


-¿Sabes? A veces pienso que puedo tener algo mal en la cabeza.

-¿Qué quieres decir?

-Que nunca estamos del todo bien.


-No te entiendo.

-Siempre vamos a tener alguna carencia, alguna enfermedad... Si no es física, será alguna afección mental y si no, será espiritual...
Creo que si alguna vez encuentro a alguien completamente sano, podré decir que he encontrado a alguien normal.


-Yo me encuentro perfectamente.

-No. Recuerda lo de tu problema en los hombros.

-(Silencio)

-Creo que una persona normal, es alguien completamente sano, y que el resto, somos anormales por padecer algo.
Por ejemplo: Yo tengo físicamente mi problema de espalda. Mentalmente, creo que a veces no estoy muy cuerda. Rayo la bipolaridad y me abstraigo en exceso en mi mundo. Espiritualmente, la verdad, no sé como estoy. Nunca he trabajado esa parte de mi, así que no sé si soy anormal o por el contrario raramente normal.


-Pero si la mayoría somos anormales, entonces es normal ser así. Por lo tanto somos normales.

-Que seamos abundantes y reiterativos en caer en la anormalidad no significa que sea lo normal. La hipoglucemia y el colesterol alto son enfermedades físicas muy comunes, pero no por ello es normal, porque ni el azúcar ni el colesterol en esa persona están a niveles normales. Luego, no son personas normales.

-Vale. Entonces, una persona normal, es alguien completamente sano,¿no?

-Si

-¿Crees que existe alguien normal?

-No lo sé.

-Enserio, responde me. ¿Crees que existe alguien así?

-No.

-¿Por qué?

-Ni la máquina más perfecta, es perfecta. Porque está hecha por seres imperfectos.

-Entonces ¿Somos así, porque quien nos hizo, a su imagen y semejanza, es imperfecto?

-Ya he dicho que si.


-No entiendo a dónde quieres ir a parar.

-Eres tú quien me está preguntando. Eso deberías saberlo tú.


-¿Quieres decir, que porque soy imperfecta, busco la manera de rechazar mi imperfección o anormalidad, preguntando hasta escucharte decir que la perfección existe?

-Si. Si fueras perfecta no preguntarías, porque ya sabrías que la perfección o normalidad, existen. Pero no lo eres, y buscas la manera de encontrar una solución que te logre alcanzar la perfección.

-Pues yo no pienso eso. Sólo pregunto por entenderte.

-Si fuéramos normales, me habrías entendido desde el principio, pues nuestras mentes serían iguales, y como tales, pensarían igual. Al ser anormales, no tenemos igual forma de pensar. Entonces, para ti comprenderme se ha vuelto casi una necesidad a medida que avanzaba la conversación.

-No necesito tus respuestas.

-Como quieras.


-Solo quiero saber una última cosa.

-¿Cual?

-Siempre respondes ¿Es que no vas a preguntar?

-Ya lo he hecho.

-(Silencio)